Los viajes de Mariano

República Federal del Brasil 1999

11 de julio, Salvador de Bahía17 de julio, Río de Janeiro
12 de julio, Salvador de Bahía 18 de julio, Río de Janeiro
13 de julio, Salvador de Bahía 19 de agosto, Cataratas de Iguazu
14 de julio, Salvador de Bahía, Itaparica 20 de agosto, Cataratas de Iguazu
15 de julio, Río de Janeiro 21 de agosto, Sao Paulo
16 de julio, Río de Janeiro 22 de agosto, Mallorca

19 de julio, segunda feria.

    Volamos a Fozz de Iguazu. Nos trasladan en una buseta. En el trayecto al aeropuerto charlamos con Blanca y Pilar. Visitaron el Pan de Azúcar y el Corcovado en el ómnibus del tour, como reinonas. También se apuntaron a un espectáculo de folclore brasileño, no parecen muy satisfechas, el teatro estaba en plena remodelación.
   Al darnos la tarjeta de embarque nos avisan que el anterior vuelo a Iguazu aún no ha despegado; hay niebla en el aeropuerto de destino. Tenemos suerte y el nuestro sale puntual. Al pasar por los rayos X me detectan el insecticida y tengo que facturar la maleta.
   Hacemos escala en Curitiba.
   Una buseta nos conduce al hotel Das Cataratas, un hotel de estilo colonial, de amplios pasillos y acertada decoración.
   Sin tiempo aún para respirar ni ver nuestra habitación, nuestro guía nos quiere vender todos los paquetes imaginables: 60 $ por ver la parte argentina, 100 $ por añadir la presa de Itaipu y una comidita, 40 $ por el Macuco Safari y no sé cuántos más por sobrevolar la catarata en helicóptero. Nos quedamos con el Macuco Safari, dentro de media hora, hay que aprovechar que aún hay sol.
Cataratas de Iguazú
   La ascensión por el río resulta muy divertida, el río baja en ejarbe con las aguas de color chocolate y el gomón se desliza suave sobre el agua, como si tuviera una cámara de aire debajo. El trayecto es emocionante. Cuando estamos junto al pie de una catarata, el timonel nos pregunta si queremos acercarnos más. Una pareja argentina del escañil posterior grita: ¡Contra la pared, contra la pared! Nos acercan tres veces a la catarata; quedamos empapados. Y los de atrás: ¡Es agua bendita! Así me gusta, que haya cachondeo.
   Al atardecer visitamos el lado brasileño de la catarata, muy cerca de nuestro hotel. La humedad lo impregna todo.

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