Los viajes de Mariano

República Federal del Brasil 1999

11 de julio, Salvador de Bahía17 de julio, Río de Janeiro
12 de julio, Salvador de Bahía 18 de julio, Río de Janeiro
13 de julio, Salvador de Bahía 19 de agosto, Cataratas de Iguazu
14 de julio, Salvador de Bahía, Itaparica 20 de agosto, Cataratas de Iguazu
15 de julio, Río de Janeiro 21 de agosto, Sao Paulo
16 de julio, Río de Janeiro 22 de agosto, Mallorca

15 de julio, quinta feria

   A las 5:30 ya estamos de pie y a las 6:15 nos plantamos en la puerta del hotel, el ómnibus llega puntual y nos traslada al aeropuerto. Durante el trayecto observamos la vegetación a ambos lados de la carretera, ¡qué densidad de masa vegetal! Las epifitas crecen sobre las ramas de los árboles y caen al suelo formando una auténtica cortina vegetal.
   La carretera está regada por los charcos resultado de la lluvia de ayer, aún no se han evaporado.
    El avión sale con retraso de Salvador de Bahía pero llega puntual al aeropuerto Antonio Carlos Jobim de Río de Janeiro. Nos da la bienvenida Susana. Toma el micrófono y nos cuenta algunas generalidades sobre la ciudad: "Esta región fue descubierta el uno de enero de 1502 por la expedición portuguesa de Gaspar de Lemos; bautizó la bahía con el nombre de Río de Janeiro o "río de enero" porque creía haber llegado a la desembocadura de un gran río. A los nacidos en la ciudad de Río de Janeiro se les llama cariocas; no cometan ustedes el error de llamar carioca al resto de los brasileños, como hacen en las retrasmisiones deportivas. En realidad, carioca viene de la palabra aborigen kari-oca, que significa "casa del blanco". Así llamaban los indígenas de la zona a una construcción emplazada donde hoy se encuentra el barrio Flamengo. Con el paso del tiempo, esta palabra sirvió para llamar a los nacidos en Río de Janeiro."
   Desde el ómnibus vemos la enorme cantidad de favelas de los suburbios de Río. De los siete millones que tiene Río, dos y medio viven en favelas.
   El hotel Miramar está en la misma Avenida Atlántica, en la playa de Copacabana. Hace calor y el cielo es azul, por fin.
   Esta bahía tiene un encanto especial, probablemente debido a las redondeadas formas de las montañas que rodean Río.
   En Río hay tiendas de sucos en cada esquina, la variedad es tal que uno no sabe cuál pedir: melancia (sandía), tangerina, manga, bacurí, pinga, acerola, sapotí, pessego, abacaxi (piña), genipayo, melão, cupuaçu, lima, graviola, amendoim, mamão (papaya), bacurí, abacatada, etc. Mi favorito es el de maracuyá natural, sin azúcar ni hielo. Otra posibilidad es pedir una vitamina, que es añadir un poco de leche al suco.
Las tiendas de sucos son muy populares y frecuentadas en Río
   Por la tarde, subimos en el teleférico hasta la cota 575 m. del Pan de Azúcar. La vista nocturna desde aquí es magnífica, casi mágica. La clave está, una vez más, en las montañas que dividen la ciudad y la circundan. El magnetismo que ejerce sobre nosotros es tal que nos sentamos en un banco y esperamos como embrujados hasta el último teleférico de la noche.
   Después de cenar visitamos el mercado de artesanía que tenemos enfrente del hotel. Hay mucha concentración de motoristas, no sabemos porqué.
   En una pequeña plaza nos encontramos con un espectáculo improvisado del deporte nacional: capoeira. Parecen alumnos que aplican las lecciones aprendidas en plena calle. Tres de ellos cantan y tocan el berimbau y los demás completan el círculo, alternándose los bailarines-luchadores en el centro. La capoeira es una danza que proviene de antiguos esclavos negros que escaparon (cimarrones) y vivían en comunidades alejados de sus opresores, el baile data del siglo XVII.

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