Los viajes de Mariano

República Federal del Brasil 1999

11 de julio, Salvador de Bahía17 de julio, Río de Janeiro
12 de julio, Salvador de Bahía 18 de julio, Río de Janeiro
13 de julio, Salvador de Bahía 19 de agosto, Cataratas de Iguazu
14 de julio, Salvador de Bahía, Itaparica 20 de agosto, Cataratas de Iguazu
15 de julio, Río de Janeiro 21 de agosto, Sao Paulo
16 de julio, Río de Janeiro 22 de agosto, Mallorca

11 de julio, domingo

    En esta ocasión no hemos tenido tiempo para organizar el viaje por nuestra cuenta, así que escogemos un viaje organizado para visitar este inmenso país.
   Aterrizamos en Salvador de Bahía y una buseta nos conduce hasta el hotel Marazul, a orillas del mar, en la avenida Siete de Septiembre. El hotel dista 8 km. del centro y hacia allí nos dirigimos en cuanto dejamos nuestro escaso equipaje en la habitación.
   Subimos a un ómnibus que nos traslada hasta la Praça da Sé, en el centro del Pelourinho. Pelourinho significa picota, y no es una clase de cereza, sino una columna con grilletes destinada a inmovilizar y humillar a los reos mientras se les marcaba o flagelaba. En Salvador funcionó hasta hace sólo 164 años y tuvo varias ubicaciones, ya que los gemidos de los ajusticiados molestaban al vecindario.
    El Pelourinho es la zona colonial de Bahía, cuenta con edificios bien cuidados y una vida nocturna muy animada. Durante el día se observan muchos extranjeros recorrer sus calles empedradas y frecuentar las pequeñas tiendas y restaurantes dirigidos al consumo del turista. Para los europeos, los precios nos resultan baratos, su moneda está muy devaluada; por un euro te dan 1.78 reales y la tendencia del real sigue bajista.
   La presencia de la policía turística en el Pelourinho es patente: casi un policía en cada esquina.
   Las raciones en los restaurantes son cuantiosas, no te puedes quejar, pueden comer dos por el precio de uno; me temo que no dejaremos Brasil más delgados; nunca logramos adelgazar durante las vacaciones a pesar de las caminatas diarias que nos pegamos.
   A las seis de la tarde ya es de noche y
Olodum en acción
en el Largo del Pelourinho se nota bastante movimiento de gente, ¿qué pasará?: el grupo Olodum ha entrado en acción; es todo un espectáculo verlos, habrá más de treinta chavales tocando todo tipos de tambores. ¿Y quiénes son Olodum? Pues una organización cultural no gubernamental que ayuda a los niños de la calle y es muy popular en Bahía.
   Cientos de personas contemplamos el espectáculo, codo con codo, y nos sorprende también, la importante presencia policial. Los polis se sitúan entre la gente, subidos sobre unos bancos de madera para vigilar mejor, en grupos de cuatro o cinco, muy atentos a todo lo que ocurre a su alrededor. Tienen cara de pocos amigos, su aspecto es realmente fiero. Desde un balcón de la plaza, un oficial de la policía dirige las operaciones. Cada poco tiempo detienen a algún chaval y se lo llevan a un portal sin que nadie se inmute, como si fuera algo habitual. La mayor parte del público es gente muy joven que observa atentamente el espectáculo de Olodum. Preguntamos a una adolescente sobre el motivo de la presencia policial y nos responde que están ahí para evitar la confuçao. Me imagino que quizá detengan a pequeños rateros que ya conocen como medida de precaución.
    La tamborrada de Olodum es entretenida al principio, pero pasados veinte minutos me resulta repetitiva así que seguimos vagando entre las animadas callejuelas empedradas llenas de juventud.

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