Los viajes de Mariano

República de Birmania 2006

3 de diciembre, Yangón 11 de diciembre, Mandalay, Amarapura
4 de diciembre, Yangón 12 de diciembre, Bagán
5 de diciembre, Kyaing Tong 13 de diciembre, Nyaung U, Bagán
6 de diciembre, Tribus Enn, Wa y Palaung 14 de diciembre, Kyaiktiyo
7 de diciembre, Kyaing Tong, lago Inle 15 de diciembre, Kyaiktiyo, Yangón
8 de diciembre, Nam Pan, Ywama 16 de diciembre, Yangón
9 de diciembre, Pindaya, Mandalay Datos ecónomicos del viaje
10 de diciembre, Mingún, Mandalay

6 de diciembre, miércoles

    Pocos turistas a la hora del desayuno. Las camareras se desviven por complacernos. Desayunamos a la carta: té, huevos fritos, plátanos, papaya, mermelada y churros.
    Hoy visitaremos las aldeas de varias etnias de las montañas, así que toca andar un poco. Tras media hora de coche por carretera asfaltada, caminamos por una senda bastante empinada y húmeda. En ambos lados de la trocha observamos muchas cañas de bambú saqueadas; un gusano muy valorado gastronómicamente vive dentro y se cotiza muy bien, en los mercados los veremos vivos o fritos y carísimo, a ocho dólares la bolsita, todo un artículo de lujo por estos lares.
    También vemos arañas que tejen su trampa a la entrada de su madriguera y a juzgar por el tamaño de la cueva excavada en las paredes de tierra, su tamaño es respetable.
Familia de la tribu Enn en la terraza de su casa
    Al final de una prolongada subida, la presencia de animales domésticos sueltos nos anuncia la cercanía de las aldeas. Llegamos, por fin, hasta el poblado de la tribu Enn. Esta pequeña aldea —apenas quince chabolas— está construida sobre la pendiente de una colina, los tejados son de hoja de palmera y las paredes de tablas, para evitar la humedad toda la casa está elevada del suelo casi metro y medio, como si se tratara de palafitos. Para evitar que el agua de lluvia se lleve la casa en la época de los monzones, apilan maderas debajo de la casa con objeto de mantener las columnas rectas. Aunque no disponen de luz eléctrica, una tubería rudimentaria fabricada con medias cañas de bambú les suministra abundante agua cristalina procedente de la parte alta de la montaña.
    Subimos a su cabaña y nos ofrecen unos pequeños taburetes de madera mientras ellos siguen haciendo sus labores. Muestran unos dientes completamente negros de tanto mascar la nuez de la palmera de betel, esto lo ha prohibido el Gobierno por cancerígeno, sin embargo, mascar hojas de betel forma parte de su cultura y pasarán muchos años antes de que abandonen la costumbre.
    La gente de la etnia Enn sostiene curiosas creencias: cuando una mujer tiene dos hijos, uno de ellos debe ser un espíritu maligno —piensan que lo "normal" es tener uno— ya que sólo los animales pueden tener más de uno y como no saben cuál es el mal espíritu, matan a los dos. Y al revés: si una hembra de un animal doméstico pare un solo cachorro también lo matan, ya que se parece al hombre, es como si estuviera poseído por algún espíritu humano. Ancestrales costumbres, ¡pardiez!
    Visitamos la tribu Wa. Antiguamente eran especialistas en cocinar a la barbacoa las orejas de los prisioneros y hacérselas comer después. Mascan betel porque dicen que así se diferencian de los animales, porque los animales tienen la dentadura blanca. En el pueblo hay una chica que dicen se ha reencarnado en una europea, por la claridad de su piel, casualmente sale de su casa con un balde de ropa y vemos que en realidad, se trata de una mujer albina que se tiñe el pelo.
   
Tocando con un lugareño
Saludamos también a los Palaung, que han sido desplazados por los guerrilleros desde las montañas al valle.
    Nuestro guía local, Maung Ee, reparte aspirinas dondequiera que va, advirtiendo siempre que sólo se deben tomar cuando realmente se sientan mal.
    Cenamos en el Seik Tie Kye. Lo encontramos tras recorrer a pie las callejuelas completamente a oscuras, sólo iluminadas ocasionalmente por los focos de algún coche. Nuestra guía lo califica como uno de los cinco mejores restaurantes del país, esto es una exageración pero hay que reconocer que todo resulta sabroso: fideos con gambas, pollo al jengibre, langostinos en salsa agridulce, ¿el precio?... irrisorio: cinco dólares por cabeza incluida la bebida. Vale la pena desplazarse hasta aquí para cenar, ¿no?.
    La luna llena ilumina nuestro regreso al hotel.

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