Los viajes de Mariano

República de Birmania 2006

3 de diciembre, Yangón 11 de diciembre, Mandalay, Amarapura
4 de diciembre, Yangón 12 de diciembre, Bagán
5 de diciembre, Kyaing Tong 13 de diciembre, Nyaung U, Bagán
6 de diciembre, Tribus Enn, Wa y Palaung 14 de diciembre, Kyaiktiyo
7 de diciembre, Kyaing Tong, lago Inle 15 de diciembre, Kyaiktiyo, Yangón
8 de diciembre, Nam Pan, Ywama 16 de diciembre, Yangón
9 de diciembre, Pindaya, Mandalay Datos ecónomicos del viaje
10 de diciembre, Mingún, Mandalay

13 de diciembre, miércoles

    Nos acercamos temprano hasta el mercado local de Nyaung U. Los mercados asiáticos me fascinan; desconozco la mayor parte de los alimentos que se exhiben, a veces son similares a los nuestros, pero con formas y colores diferentes; me produce cierta angustia no disponer de tiempo suficiente para profundizar en cómo saben, cómo los emplean...
    Al pasar al lado de una escuela, paramos y damos al director todos los bolígrafos que traíamos para esta ocasión. En las escuelas no se enseña la doctrina de Buda, eso queda sólo para los monasterios.
   
Nat
Cenamos en un restaurante aledaño a nuestro hotel, el Sharaba Food Centre; ¿qué hemos comido?, pues ahí va: un pescado con anacardos, rollos de primavera estilo vietnamita, fideos fritos con verduras, arroz y de postre, plátanos fritos caramelizados. De beber: una cerveza Birmania de sesenta centilitros y un sprite. Todo por once mil doscientos kyats, es decir, siete euros con veinte céntimos (a tres euros con sesenta céntimos por barba). Barato, saludable y ligero.
    Aunque los polvos tanaka parecen de uso exclusivamente femenino, no me resisto a probarlos y le pido a Koo Ye que me embadurne la cara con ellos; la sensación es igual que si te aplicas un poco de barro en la cara. La piel no absorbe el tanaka y se siente un frescor inicial que pasadas unas horas se convierte en una ligera incomodidad, imagínate con una capa de barro seco en la cara... Lo que está claro es que el tanaka no tiene ningún efecto protector contra los rayos del sol; las mujeres están tan morenas como los hombres.
    Visitamos una de las pagodas más antiguas de Bagán: la Shwe Zigon, que alberga una de las cuatro réplicas de un diente de Buda —el original se encuentra en Sri Lanka. Las otras tres réplicas no andan muy lejos: una en la pagoda Lawkananda, al sur de la ciudad, otra en la pagoda Tan Kyi Taung, al oeste del río Ayeyarwady y la cuarta en Tu Yuan, en lo alto de una colina, a treinta y dos kilómetros al este. Se dice que si eres capaz de visitar las cuatro réplicas en un solo día, disfrutarás de prosperidad y suerte en tu vida.
    Shwe Zigon es conocida también como el lugar donde la monarquía oficializó a los treinta y siete nats pre-budistas. El rey Anawrahta —el mismo que construyó la pagoda Schwedagon de Yangón—, en su afán de convertir a Burma en un país budista, prohibió el culto a los nats, cosa que no consiguió, ya que la tradición de los nats estaba demasiado arraigada en la población, así que, después de algún tiempo, se dio por vencido y designó un panteón oficial con treinta y siete nats.
    La fachada del templo Gu Byauk Kyi es visualmente interesante; es de estilo típicamente Mon y dicen que las pinturas del interior son originales pero para visitarlo hay que quedar previamente con un señor del pueblo, que guarda las llaves.
    El templo Htilominlo data de 1218 y fue el último construido en Bagán. El rey Nantaungmya lo edificó aquí porque fue el lugar donde fue elegido, de entre cinco hermanos, para ser coronado rey. La elección del heredero al trono seguía una tradición: se levantaba una sombrilla blanca y el futuro rey sería aquel hacia el que se inclinaba la sombrilla después de hacerla girar. Los dioses habían hablado.
    El más sagrado de los templos de Bagán es el Ananda. Se construyó en el 1105; ha sido restaurado muchas veces ya que los terremotos se han cebado en él. Ananda era primo y uno de los principales discípulos del buda Gautama, al que acompañó durante muchos años. Tenía una memoria colosal y fue el que se encargó de recitar los sutras en el primer concilio budista, después de la muerte del Maestro.
    A los arquitectos del templo Ananda les rebanaron el cuello para asegurarse que no repitieran la obra en otro lugar.

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