Otros viajes

República de Birmania 2006

3 de diciembre, Yangón 11 de diciembre, Mandalay, Amarapura
4 de diciembre, Yangón 12 de diciembre, Bagán
5 de diciembre, Kyaing Tong 13 de diciembre, Nyaung U, Bagán
6 de diciembre, Tribus Enn, Wa y Palaung 14 de diciembre, Kyaiktiyo
7 de diciembre, Kyaing Tong, lago Inle 15 de diciembre, Kyaiktiyo, Yangón
8 de diciembre, Nam Pan, Ywama 16 de diciembre, Yangón
9 de diciembre, Pindaya, Mandalay Datos ecónomicos del viaje
10 de diciembre, Mingún, Mandalay

11 de diciembre, lunes

    Mañana soleada, luminosa y cristalina. Ni calor ni fresco; simplemente un día delicioso.
    Hoy para las ocho ya estamos en la carretera camino de la paya Kuthodaw, conocida como "el libro más grande del mundo". En pocos minutos llegamos; está muy cerca. Ni un turista a la vista.
    Esta pagoda fue construida durante el gobierno del rey Mindon en 1868 y desde entonces acoge setecientos veintinueve pequeños templetes bien alineados, formando cuadrícula, que albergan el texto de los quince libros del Tripitaka —enseñanzas de Buda—, escritos en idioma pali. Cada templete contiene una losa de mármol tallada con el texto de una enseñanza. Tripitaka significa "las tres cestas"; se cree que los textos, que antes se escribían en hojas de palma, se transportaban en tres cestas. En realidad, pasaron siglos después de la muerte de Buda hasta que sus enseñanzas empezaron a escribirse en hojas de palma, hasta entonces se transmitían oralmente y no porque hubiera dificultades técnicas, sino porque la escritura no se consideraba adecuada para tratar temas sagrados. Con el paso de los siglos, algunos fragmentos de sus enseñanzas se recogieron en sánscrito pero la versión completa está en pali. El sánscrito era considerada una lengua sagrada y solo era conocida por los indios cultos, por la élite. Sin embargo, Buda enseñó en magadhi, una lengua prácrita, más vulgar que el sánscrito pero más popular y conocida por toda la población. Al final, los textos budistas se redactaron en "sánscrito budista híbrido": una mezcla entre sánscrito clásico y lenguas prácritas. En Birmania, los textos buditas se escribieron en pali, lo mismo que en Sri Lanka y Tailandia. Hoy el pali no lo habla nadie, es una lengua muerta.
   
Parte del Gran Palacio Rel Dorado de Mandalay
Mandalay fue la última capital del reino y el Gran Palacio Real fue la morada del último rey: el rey Mindon. El Palacio se acabó en 1857, poco antes de la invasión británica. La colonización británica puso fin a la monarquía, aunque los británicos, en su país, aún mantienen una reina y un príncipe para entretenimiento y escarnio económico de la población.
    En realidad, el palacio fue completamente incendiado durante la Segunda Guerra Mundial y lo que hoy vemos es una reconstrucción algo insulsa. De nuevo, nadie a la vista; parece una ciudad fantasma. Los Birmaniaenses saben que en su reconstrucción se emplearon presos políticos y es un lugar poco querido ya que muchos "pantalones verdes" importantes viven dentro de los límites marcados por la muralla.
    El fuerte está rodeado por un foso de agua con carpas doradas. La cría de carpas en estanques tiene su origen en el siglo VIII en China. La dinastía Tang ya las criaba y hoy en día aún son más abundantes las carpas rojas que las doradas; a pesar de que estas últimas son más fáciles de criar. El motivo es que una emperadora de la dinastía Song prohibió que la gente criara las doradas, ya que era el color real.
    Ahora nos dirigimos a Amarapura, a once kilómetros al sur de Mandalay. El Monasterio de Maha Gandayone recibe numerosas donaciones de empresas privadas —incluidas españolas— que figuran sobre unas pizarras en el patio de entrada al monasterio. Las donaciones les permiten disponer de comida propia, aunque por lo visto no son suficientes para satisfacer las necesidades de los más de mil monjes que habitan en el monasterio. Cuando llegamos, forman dos largas filas en la entrada y sujetan su cuenco de madera lacado con la comida que han recibido esta mañana tras su peregrinaje habitual por la ciudad. Cuando suena el gong, entran ordenadamente en el comedor y se acomodan con las piernas cruzadas sobre los bancos corridos. En completo silencio toman asiento frente a su cuenco y esperan la señal para empezar a comer. La mayoría utiliza la cuchara y unos pocos prefieren las manos. Nadie abre el pico. Los más jóvenes, alrededor de los siete años, visten túnica blanca y, con expresión concentrada, se afanan en ingerir las suficientes calorías para afrontar el resto del día. Los bonzos de mayor rango comen juntos en una mesa redonda con mantel; sobre la mesa no cabe un solo plato más y el contenido luce apetitoso, nada que ver con el triste arroz a secas de los cuencos de los bonzos de a pie. Contrasta enormemente la obesidad de los jefes con de la delgadez de los novicios.

Bonzos entrando al comedor del Monasterio de Maha Gandayone

    Transcurridos diez minutos empiezan a abandonar el comedor y regresan a sus habitaciones donde se les puede ver aún dando buena cuenta del contenido de su cuenco. No es de extrañar, desde las doce del mediodía hasta las cuatro de la mañana siguiente no les está permitido llevarse nada sólido a la boca; sí que pueden beber agua, alguna infusión y pocas cosas más.
    En Birmania no solo hay bonzos, también monjas, aunque en número sensiblemente menor; se distinguen de los bonzos en el color rosado de las túnicas. A juzgar por la enorme cantidad de bonzos y monjas menores de edad, el budismo therevada goza de magnifica salud en Birmania. ¿Y cómo llegó este país a adoptar el budismo como filosofía de vida? Pues una vez más, fue un rey quien apoyó fervientemente esta filosofía, rápidamente adoptada por el pueblo. El rey Ashoka fue para los budistas lo que el emperador romano Constantino sería cuatro siglos más tarde para los cristianos y por parecidas razones.

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