Los viajes de Mariano

Bali 2000

16 de abril, Nusa Dua23 de abril, Lovina
17 de abril, Denpasar 24 de abril, Gitgit, Ulur Danu
18 de abril, Nusa Dua 25 de abril, Jatiluwih
19 de abril, Celuk, Ubud 26 de abril, Bangli, Besakih, Candi Dasa
20 de abril, Ubud 27 de abril, Tenganan, Tirta Gangga
21 de abril, Giansang 28 de abril, Nusa Dua
22 de abril, Trunyan, Kintamani, Lovina29 de abril, Kuta

26 de abril, miércoles

    Dejamos el Jalan-Jalan, no sin antes darnos un buen masaje en el propio hotel. Mi mujer y yo pasamos a diferente sala. El joven masajista me pide que me desnude por completo y que me tumbe sobre una mesa. Cubre mi sexo con una toallita, se impregna las manos con algo de aceite y pasa a la acción. El masaje termina en una bañera llena de agua muy caliente, flores y sales. Una gozada.
    Antes de dejar Ubud echamos una ojeada a las galerías de arte con objeto de comprar algún cuadro. La mayor parte de los cuadros son muy similares; el típico abigarrado trozo de naturaleza densamente poblado de verdes hojas. En realidad, la mayor parte de estos cuadros están pintados a lapicero por maestros y después sus alumnos rellenan los trazos como si se tratase de librillos de colorear infantiles. Esto genera unas obras muy similares y de escasa calidad que se venden muy bien. Los escasos cuadros de temática más original se venden a precios poco acorde con nuestros bolsillos.
   Paramos en Bangli, donde están desmantelando un mercadillo que ya se ha celebrado.
   En Bali hay unos 50000 templos y ahora ponemos rumbo en dirección norte, hacia el Pura Besakih, el templo madre de Bali. La carretera que lleva a Besakih está flanqueada por penjors, largas pértigas de bambú que representan a las montañas sagradas. La punta se inclina hacia el suelo de donde cuelga un penacho de hojas y cintas de colores representando la cola del Barong, criatura mitológica, mitad perro y mitad león, que encarna la lucha eterna entre el bien y el mal. En su parte media, en ocasiones, se colocan pequeños altares también de bambú donde se depositan las ofrendas. Algunos tienen largas telas en forma de grandes banderolas con los colores de los dioses (negro, amarillo, blanco o rojo).
Templo madre Besakhi
    Como es habitual en toda atracción turística de primer orden, tratan de exprimir al turista todo lo que pueden. En la carretera hay un control policial, unos guardias te piden unas rupias sin darte recibo alguno, es un control con el objetivo de sacarse un dinero extra.
   Más adelante encontramos un aparcamiento. Qué raro que no cobren por aparcar. El templo está en la cima de una pequeña colina y desde el aparcamiento hasta allí se sube por una carretera recta, en su inicio nos topamos con otro control, esta vez, quieren que nos cubramos las piernas con unos sarongs, a pesar de que llevamos pantalones largos, y cobrar por ellos, claro. Volvemos al coche y nos vestimos con los nuestros. Es inútil, quieren su dinerito y hay que dárselo, y una vez más, sin ningún recibo.
   La carretera está afortunadamente cortada al tráfico y en sus orillas se despliegan multitud de puestos de vendedores de fruta y de artesanía local. Demasiada gente mezclando espiritualidad con lucro para mi gusto.
Templo madre Besakhi
    No esperábamos encontrarnos con tanta gente, hay miles de personas. El colorido de los trajes de las balinesas es sensacional, muy llamativo. El punto negativo del lugar son los falsos guías que no nos permiten movernos con libertad, son chavales que se ponen bastante pesados si no les permitimos que nos acompañen como guías.
   La visita merece la pena, el lugar es espectacular y se pueden ver las ofrendas y las bendiciones de los sacerdotes. Los templos principales están consagrados, como siempre, a Siwa, Wisnu y Brahma.
   Al regresar hacia el coche nos hacemos con una buena provisión de mangostanes y maracuyás, dos de mis frutas preferidas.
   De Besakhi nos dirigimos a Candi Dasa, donde nos alojamos en un bungalow.

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