Los viajes de Mariano

Ámsterdam 2011

17 de septiembre, plaza Dam, Barrio Rojo
18 de septiembre, Museo Nacional
19 de septiembre, Museo van Goh, crucero por los canales
Datos ecónomicos del viaje


17 de septiembre, sábado

    Desde el aeropuerto de Schilpol hasta el centro de Ámsterdam no hay metro pero sí trenes que te acercan hasta las estaciones de Zuid, RAI o Duivendrecht desde donde un tranvía o el metro te lleva a tu hotel. Nosotros nos alojamos a tres quilómetros del Museo Nacional, en el Casa 400, un hotel inaugurado en septiembre de 2010 de inmejorable relación calidad-precio, aunque su distancia al centro de Ámsterdam nos obliga a tomar un metro de ida y otro de vuelta todos los días.
    La estación de trenes está debajo del aeropuerto, así que rápidamente tomamos el Stoptrain hasta Duivendrecht y, en Duivendrecht, el metro —o mejor, otro tren, más barato y además sin paradas intermedias— hasta la estación Amstel. Desde aquí, andando, se llega en pocos minutos al hotel Casa 400. En total, hemos tardado unos cuarenta y cinco minutos desde el aeropuerto al hotel.
    Llegamos casi a las dos de la tarde al hotel. La habitación es moderna y funcional. Nada es superfluo. Ni té, ni café, ni agua de cortesía, sólo un pequeño frigorífico... sin bebidas. El cielo está cargado de nubes, parece que fuera las ocho de la tarde. Agarramos un paraguas plegable y volvemos a la estación Amstel para tomar el metro hacia la estación Central. El precio del billete de metro no va por zonas sino por tiempo. El más barato es de una hora, más que suficiente para llegar a la estación Central. El viaje no dura ni diez minutos.
   En la estación Amstel hay miles de bicicletas. Un letrero avisa que las que permanezcan más de veintiocho días sin moverse serán retiradas. No me preguntes cómo saben cuáles son.
Aparcamiento de bicicletas en la estación Amstel
    El medio de transporte por excelencia de los amsterdameses es la bicicleta, la utiliza todo el mundo, hasta la policía y los directivos de sucursal bancaria vestidos con sus trajes de mil euros. A pesar del alto nivel económico de esta gente, las bicicletas son poco atractivas, pesadas, sin cambios, con luz de dinamo, sillín de muelles y, en general, presentan un estado descuidado. ¿Y por qué circulan con estas bicis de la abuelita en vez de llevar unas buenas bicis? ¡Ay, amigo!, en este país tan avanzado y tolerante, el robo de bicicletas es el deporte más popular después de patinaje de velocidad: ciento ochenta mil robos al año de media en Ámsterdam, que se dice pronto, son casi ¡quinientas al día! A todo el mundo le han robado la bici alguna vez en la vida, lo normal: varias veces al año. Así se comprende que procuren que su aspecto sea lo más vulgar posible, aunque hay gente que piensa todo lo contrario y las pinta
A ver si así no me la roban
de colores chillones, ¡incluidas gomas, cadena y dinamo! Dicen que los canales están compuestos por un tercio de barro, un tercio de agua y otro tercio de... bicicletas.
    Lo mejor es asegurar las ruedas y el cuadro con varias cadenas, porque si sólo amarras la rueda delantera puedo que sea lo único que encuentres cuando la recojas.
   Existe un registro en Internet con los números de serie de las bicicletas y el nombre del propietario. De esta manera se pretende evitar la venta de bicicletas robadas y facilitar la devolución a sus propietarios.
    Las bicis son tan muy importantes para los neerlandeses que su inconsciente colectivo todavía guarda cierto resentimiento contra los alemanes por la ocupación de su país durante la Segunda Guerra Mundial, y no sólo por los trescientos mil muertos, sino porque la infantería alemana, en su retirada, se llevó todas las bicicletas para escapar más rápido.
    En el trayecto entre la estación Amstel y la Central vemos que los artistas del aerosol han plasmado su arte urbano en toda superficie susceptible de ser pintada. Los escritores han trabajado de lo lindo: en los túneles y en cualquier pared. Los estilos se amontonan: burbujas, vomitada, etc. La calidad es baja; los dibujos parecen más destinados a delimitar el espacio de las pandillas que la obra de escritores serios. El interior de los trenes también va pintado, no por grafiteros, sino que las pinturas son de origen. O sea, que el tren se compra con ellas, vamos.
Estatua viviente en la plaza Dam
    Bajamos en la parada del metro de la estación Central, que hierve de actividad. Paseamos por la calle comercial Haarlemmerbuurt, el barrio judío, la iglesia del Oeste... Y uno, cuando ve que no hay un solo edificio derecho se pregunta: ¿Pero qué ha pasado aquí? ¿Un terremoto o qué? Unas fachadas salen hacia afuera, otras están como curvadas. ¿Pero ya es segura esta ciudad? Hasta cierto punto. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de las casas se edificaron en el siglo diecisiete y se cimentaron sobre pilotes de madera de encina clavados sobre una capa de arena a doce metros de profundidad. ¿Y no se pudren con el tiempo? Mientras estén bajo el agua no hay problema, son inmunes a la degradación biológica. No son ninguna novedad: en Éfeso, en la costa oeste de Turquía, ya se construían templos sobre pilotes de madera hace dos mil seiscientos años. Y ahí siguen. En Venecia se comenzaron a hincar en el siglo nueve. Actualmente se siguen utilizando por sus ventajas: la madera es barata, fácil de obtener y la relación resistencia/peso es soberbia. ¿Y tiene que ser alguna madera especial? No todas valen, pero casi: puede ser abeto, pino, roble, alerce, olmo, abedul, fresno, castaño, aliso, sycamore, mangle, quebracho, eucalipto, etc. Precisamente fue un ingeniero holandés, Christopher Polhem, quien invento una máquina para hincar pilotes en 1740.
    Poco antes de llegar a la plaza Dam empieza a llover con fuerza, así que ingresamos en el Panorama Kafe a tomar un té para entrar en calor. Cuando escampa seguimos hacia la plaza Dam. Dam significa "dique" porque aquí se construyó el primer dique sobre el río Amstel. En esta plaza se encuentra el Palacio Real, Madame Tussaud, bancos, la iglesia Nueva, el NH Grand Hotel Krasnapolsky y tiendas de ropa como H&M. La gigantesca escultura en forma de supositorio es el Monumento Nacional que recuerda a los trescientos mil neerlandeses y otros tantos de su colonia indonesia, muertos durante la Segunda Guerra Mundial.
    Siguiendo por la calle Dam, desembocamos directamente en el barrio Rojo. Es sábado a la noche y la animación es tremenda. Nos damos de sopetón con las vitrinas que exponen a las trabajadoras autónomas del sexo. Así, de primeras, con el pelucón rubio y la ropa interior fosforescente, parecen talmente maniquíes de escaparate. Distinguen al instante al posible cliente del turista curioso. Si quieres conocer el precio no tienes más que hacer un seña que ellas te abren la puerta acristalada y te informan, y si te parece bien, entras, corres la cortina y... a la faena. La tarifa actual anda entre los cuarenta y cincuenta euros e incluye felación como entremés y penetración vaginal de principal. Otro tanto si quieres inmortalizar la experiencia con tu propia videocámara.
Despedida de soltero en el barrio Rojo
Mi mujer dice que los clientes salen como despatarrados, como si no les dejaran tiempo para recuperarse. ¿Y qué hace ese tipo con una muñeca hinchable en las manos? Es que el barrio Rojo es el lugar favorito para las despedidas de soltero, de hecho, no es un lugar peligroso ni de mala reputación y junto a los escaparates de los burdeles hay un montón de bares y restaurantes para todos los gustos y bolsillos, y algunos de ellos, de excelente calidad.
    La oferta sexual se completa con condonerías, tiendas de juguetes eróticos con o sin cabinas, un Museo Erótico, muy frecuentado por su inmejorable localización, el cabaret Casa Rosso, que sirve espectáculos porno heterosexuales y lésbicos, y el bar Banana, donde las chicas sirven las bebidas muy ligeras de ropa.
    Ya lo advierten las calcomanías pegadas en las vitrinas: ni los cámaras de videos ni las fotografías son bienvenidas en el barrio Rojo. Y si no te has dado cuenta, puede que alguna chica abra la puerta y te lo recuerde de malas maneras: you idiot, stop shooting your camara!
    En el barrio Rojo se ven grupos de hombres en abundancia, son turistas cuyo objetivo no es el sexo sino probar las excelencias de las cartas de las más renombradas coffee shops: Hill Street Blues, The Green House, Dampkring, The Kashmir Lounge, The Bluebird, Baba, etc. La carta ofrece diversos tipos de marihuana de buena calidad, en dosis de uno o cinco gramos. Los precios oscilan entre los nueve euros de King White hasta los catorce euros por gramo de la calidad Amnesia Haze. Consumir maría fuera de las coffee shops es ilegal pero doy fe que en los bancos apartados del parque Volden rulan eles en cantidad. El olor es inconfundible.
    El Gobierno ha anunciado que va a prohibir la venta de estas drogas blandas a los extranjeros para finales de este año; parece que el resto de países del entorno se han quejado, no están de acuerdo con la permisividad del Gobierno neerlandés con las drogas blandas. Ya veremos si cumplen lo anunciado, porque el turismo que mueve estos establecimientos es enorme.

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